5 — Decadencia, transformaciones y destino final de una galaxia
5 — Decadencia, transformaciones y destino final de una galaxia
A lo largo de miles de millones de años, las galaxias
atraviesan un proceso evolutivo que no es estático ni eterno. Nacen a partir de
fluctuaciones de densidad primordiales, crecen mediante la acreción de gas y la
formación de estrellas, interactúan unas con otras, y finalmente entran en una
etapa de decadencia con el agotamiento progresivo de su combustible cósmico y
la pérdida de su estructura original. En este capítulo se analiza esa fase
final de su “vida”, los mecanismos que la provocan y el destino que espera a
las galaxias en el marco de la evolución cósmica a gran escala.
5.1. Agotamiento del gas y cese de la formación
estelar
El motor fundamental de la evolución de una galaxia es
la disponibilidad de gas frío. Es en las regiones donde el gas se comprime y
enfría lo suficiente donde se forman nuevas estrellas. Sin embargo, diversos
mecanismos tienden, con el paso del tiempo, a reducir o eliminar ese gas:
- Vientos galácticos impulsados por explosiones de
supernovas, que expulsan parte del gas hacia el halo o incluso al medio
intergaláctico.
- Radiación de estrellas masivas y núcleos
activos (AGN), que
calientan el gas restante e impiden que se condense.
- Choques de marea durante interacciones con otras galaxias, que
dispersan el gas interestelar.
Cuando el gas frío se agota o su densidad cae por
debajo de un umbral crítico, la formación
estelar se detiene (proceso conocido como quenching). La
población estelar pasa entonces a estar dominada por estrellas viejas y frías,
lo que cambia el color global de la galaxia de azulado a rojizo, transición observacional conocida como la secuencia de color.
5.2. Interacciones y fusiones galácticas
En un universo poblado por cientos de miles de
millones de galaxias, las interacciones gravitacionales son inevitables. Cuando
dos galaxias pasan lo suficientemente cerca, las fuerzas de marea deforman sus
discos, generando colas de marea
y puentes de material que
conectan temporalmente ambas estructuras. Este tipo de eventos es uno de los
motores principales de la transformación morfológica.
En una fusión
galáctica, el momento angular orbital se transfiere a las estrellas y al
gas, haciendo que las órbitas se desordenen. El fenómeno se puede describir, en
forma simplificada, por la pérdida de momento angular debido a la fricción dinámica de Chandrasekhar[1]:
donde M la masa efectiva del halo de la otra galaxia, r la distancia entre ambas, ρ la densidad del medio donde se mueve la masa M y v la velocidad relativa. La fricción dinámica disipa energía cinética y hace que las órbitas se contraigan hasta la fusión completa.
El resultado típico de la fusión entre dos galaxias
espirales es una galaxia elíptica:
un sistema sin brazos, con estrellas distribuidas en órbitas aleatorias y un
halo más redondo. Este proceso explica la presencia de grandes galaxias
elípticas en cúmulos, que se interpretan como los productos finales de
múltiples fusiones a lo largo de la historia cósmica.
5.3. Rol de los agujeros negros supermasivos
En el centro de casi todas las galaxias masivas se
esconde un agujero negro supermasivo
(SMBH). Durante la fusión de dos galaxias, sus respectivos agujeros negros
migran hacia el centro común por fricción dinámica, formando finalmente un
sistema binario que termina coalesciendo. Este proceso libera una enorme
cantidad de energía en forma de ondas
gravitacionales, como se ha confirmado en observaciones recientes del
fondo de ondas gravitacionales de baja frecuencia.
Mientras el agujero negro acreta gas, produce vientos relativistas y radiación intensa
que pueden expulsar el gas circundante del núcleo galáctico. Este fenómeno,
conocido como feedback del AGN, actúa como un regulador: evita que el
gas siga acumulándose y reduce la tasa de formación estelar, acelerando la
transición hacia la fase pasiva de la galaxia.
5.4. Muerte térmica galáctica
Una vez que el gas interestelar ha sido consumido o
expulsado, la galaxia entra en una etapa de muerte térmica. Ya no se forman nuevas estrellas, y las existentes
evolucionan lentamente hacia estados degenerados:
- Enanas
blancas
(remanentes de estrellas de baja masa).
- Estrellas
de neutrones y agujeros negros (remanentes de supernovas).
En escalas de tiempo del orden de 1011
años, incluso las enanas blancas se enfrían hasta volverse enanas negras, invisibles en el
espectro óptico. El brillo global de la galaxia decae de forma irreversible, y
su estructura se diluye lentamente dentro del entorno del cúmulo al que
pertenece. Lo que alguna vez fue una espiral luminosa o una elíptica
resplandeciente, termina convertida en una nube tenue de materia oscura, residuos
estelares y agujeros negros.
5.5. El destino del Grupo Local
Nuestra propia galaxia, la Vía Láctea, no es una excepción a este destino. Observaciones
precisas del movimiento de Andrómeda (M31) muestran que ambas se aproximan con
una velocidad de unos 120 km/s,
lo que implica una colisión en
aproximadamente 4,5 × 10⁹ años.
Durante la colisión, los discos serán distorsionados y
los brazos espirales desaparecerán. Tras varios pasos mutuos y la fusión de sus
núcleos, se formará una única galaxia elíptica gigante, a la que los astrónomos
ya han bautizado como “Milkomeda”.
El Sol y las demás estrellas del disco sobrevivirán, aunque sus órbitas serán
completamente modificadas.
En ese momento, el Grupo Local se habrá simplificado: una sola elíptica gigante
dominando el centro de masa, acompañada por algunas galaxias enanas satélite.
5.6. Epílogo cósmico
El destino último de las galaxias está íntimamente
ligado al destino del propio universo. Si la expansión cósmica continúa
acelerándose bajo la acción de la energía oscura, llegará un punto en que las
galaxias quedarán aisladas unas de otras, separadas por regiones del espacio en
las que ni siquiera la luz podrá cruzar la distancia. Cada galaxia, o lo que
quede de ella, se convertirá en un archipiélago solitario de materia degenerada
en un universo cada vez más frío y oscuro.
Figura 5.1. Esquema conceptual de la evolución
morfológica: de una espiral activa (arriba), pasando por etapas de interacción
y fusión, hasta una elíptica envejecida (abajo).
La escala temporal abarca desde cientos de millones hasta decenas de miles de
millones de años.
Apéndice E — La fricción dinámica de Chandrasekhar
Cuando una galaxia satélite o una masa puntual m se
mueve a través de un medio de estrellas o partículas con densidad ρ, su
gravedad perturba la distribución local del campo estelar. Las partículas del
medio son aceleradas hacia el cuerpo en movimiento, generando detrás de él una estela gravitatoria o “cola de
densidad”. Esa estela, a su vez, ejerce una fuerza neta sobre el cuerpo,
opuesta a su dirección de movimiento. El resultado es una desaceleración
efectiva conocida como fricción
dinámica.
El físico Subrahmanyan
Chandrasekhar (1943) fue el primero en derivar una expresión analítica
para esta fuerza, bajo el supuesto de que las partículas del medio siguen una
distribución de velocidades isotrópica (de Maxwell–Boltzmann) y que la masa
perturbadora es pequeña respecto al total del sistema.
La expresión
resultante es:
- G es la constante de
gravitación universal,
- m es la masa del cuerpo en
movimiento,
- ρ(<v) es la densidad de
fondo de las partículas más lentas que la velocidad v del cuerpo,
- ln(Λ) es el logaritmo de Coulomb, un factor
adimensional que representa la razón entre los máximos y mínimos impactos
gravitacionales efectivos,
- v es el vector velocidad del cuerpo.
En el caso de que las partículas del medio sigan una
distribución isotrópica de velocidades de dispersión σ, Chandrasekhar mostró
que:
- La fricción dinámica no es viscosidad real, sino un
efecto puramente gravitatorio, resultante de la acumulación asimétrica de
masa inducida por la perturbación.
- Su dirección es opuesta a la velocidad del cuerpo
masivo.
- Su magnitud crece con m2:
objetos más masivos pierden más rápidamente su momento angular.
- La desaceleración efectiva es:
donde C es un factor numérico del orden de la unidad.
Consecuencias astrofísicas
- En un cúmulo galáctico, una
galaxia satélite de masa mmm que orbita dentro de un halo de densidad ρ
experimenta fricción dinámica, lo que hace que su órbita decaiga lentamente hacia el centro.
- En escalas de tiempo de unos
pocos miles de millones de años, esto conduce a fusiones galácticas o al hundimiento del satélite en el halo
principal.
- El mismo mecanismo explica por
qué los agujeros negros
supermasivos binarios pierden momento angular y finalmente se
fusionan en el centro de las galaxias resultantes.
Tiempo de decaimiento orbital aproximado
Si la velocidad orbital es aproximadamente circular, el tiempo característico de decaimiento se estima como:
Este
resultado muestra que la fricción dinámica es más eficiente:
- para objetos masivos (m
grande),
- en regiones densas (ρ grande),
- y para velocidades bajas (v
pequeña).
Valor típico en fusiones galácticas
Para una
galaxia satélite de masa m=1010 M⊙ moviéndose a v=200 km/s en un halo
de densidad ρ=10−24 kg/m3, con ln(Λ)≈10, el tiempo
característico es del orden de:
tdec∼3×109 años.
Es decir, la
fusión completa puede ocurrir en un tiempo comparable a la edad del universo.
Una
masa m (por ejemplo, una galaxia satélite o un
cúmulo globular) se mueve a través de un medio de estrellas de densidad ρ con velocidad v.
La atracción gravitatoria entre m y las
partículas del medio produce una perturbación local en la
distribución estelar, generando una estela gravitatoria de
mayor densidad detrás del cuerpo en movimiento.
Esta estela ejerce una fuerza neta opuesta a la dirección de avance, conocida
como fuerza de fricción dinámica Fdf. El efecto neto es una pérdida progresiva de
momento angular y energía orbital, que conduce al decaimiento
de la órbita y, en escalas cosmológicas, a la fusión o
hundimiento del cuerpo masivo en el sistema principal.
Un
poco de historia
Subrahmanyan
Chandrasekhar (1910–1995) formuló la teoría de la fricción dinámica en 1943,
durante su estancia en la Universidad de Chicago.
El trabajo, publicado originalmente en The Astrophysical Journal (vol.
97, p. 255, 1943), fue concebido para describir el movimiento de estrellas
masivas a través de un cúmulo estelar, donde las interacciones gravitacionales
colectivas generan un frenado efectivo.
Décadas más tarde, su formulación se convirtió en una herramienta fundamental
para entender el decaimiento orbital de galaxias satélite, la fusión
de cúmulos y la coalescencia de agujeros negros supermasivos
en centros galácticos. Chandrasekhar recibiría el Premio Nobel de
Física en 1983, en reconocimiento a su trabajo pionero en la
estructura y evolución de estrellas, aunque la teoría de fricción dinámica
sigue siendo una de sus contribuciones más influyentes en la dinámica estelar
moderna.
Representación
conceptual de la dependencia de la fricción dinámica con la velocidad. A bajas
velocidades, la masa perturbadora interactúa durante más tiempo con las
partículas del medio, generando una estela gravitatoria intensa y una fuerza de
fricción significativa. A altas velocidades, el tiempo de interacción es menor
y la deflexión gravitatoria resulta débil, reduciendo Fdf de manera proporcional a 1/v2.
Comparación
entre la aproximación simplificada Fdf∝1/v2 (línea blanca
continua) y la expresión completa de Chandrasekhar (línea azul punteada), que
incluye la corrección estadística asociada a la distribución de velocidades de
Maxwell–Boltzmann a través del término
erf(X)−2Xπ∙exp(−X2
).
A bajas velocidades (v≪σ), la fricción efectiva
es menor debido a que sólo una fracción de las partículas del medio se mueve
más lentamente que el cuerpo perturbador. A altas velocidades (v≫σ), ambas expresiones
convergen, recuperando la ley Fdf∝1/v2.












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