8 En qué terminaría todo... el destino final

 8 — El destino último

El tiempo profundo pertenece a la historia del cosmos; la eternidad, a su epitafio.

A medida que el universo envejece, su dinámica deja de estar dominada por la materia y la radiación, y pasa a estar regida casi por completo por la energía oscura, esa constante cosmológica que impulsa la expansión acelerada del espacio-tiempo. En esta etapa, las galaxias, cúmulos y supercúmulos ya formados comienzan a separarse tan rápidamente que terminan más allá de nuestros horizontes causales. Incluso la luz que emitan jamás podrá alcanzarnos en esas condiciones, pues la velocidad de expansión cósmica será mayor que la de la luz y la distancia que nos separe de ellas crecerá más allá del límite que pueda alcanzar la luz en su viaje en ese tiempo.

8.1 Expansión acelerada y destino térmico

La ecuación de Friedmann, en su forma más simple con constante cosmológica positiva, Λ>0, predice que el factor de escala a(t) crecerá de manera exponencial, siendo

 


Donde el factor del exponente

 


Esto significa que, en el futuro lejano, el universo tenderá asintóticamente a un espacio de de Sitter[1], dominado por el vacío y con temperatura residual dada por la radiación de Gibbons–Hawking. Esta temperatura es

​​


Una temperatura pequeñísima, es del orden de 10-30 K para los valores actuales de Λ. Esa temperatura marca el fondo térmico irreducible del cosmos. O sea,   incluso cuando todo lo demás se enfríe, el vacío conservará un leve resplandor cuántico dado por esta radiación de fondo.

Las estructuras gravitacionales ligadas (galaxias, cúmulos locales) permanecerán unidas, pero el resto del universo se alejará de nosotros a velocidades mayores que la de la luz (en sentido métrico, no local), desapareciendo tras el horizonte de eventos cósmico. Es importante entender aquí qué significa ese alejamiento de los cúmulos de galaxias y galaxias unos de otros en sentido métrico. Quiere decir que las estructuras cósmicas (galaxias, cúmulos) tienen velocidades pequeñas, hasta pueden experimentar colapsos aún, sin embargo, es el espacio mismo el que se está “estirando”, alejando unos de otros, no es un movimiento propio de los objetos cósmicos el que los aleja entre sí, sino que es el propio espacio el que crece entre ellos a velocidades enormes, en este período, a velocidades mayores que la de la luz, pero los objetos mismos no se están moviendo a esas velocidades, ellos mantienen sus velocidades relativas más o menos pequeñas. En este sentido, la imagen del globo inflándose puede servir. Si tomamos un globo y le pintamos puntos de colores con un marcador, estos puntos están relativamente próximos entre sí y en reposo en la superficie del globo (no es el caso exactamente de las galaxias y cúmulos, que tienen velocidades relativas entre ellos, pero se aproxima al caso en el que estén en reposo entre sí). Si ahora empezamos a inflar el globo, los puntos dibujados empezarán a alejarse mutuamente, no obstante ellos permanecen quietos. Es que la superficie del globo (el espacio-tiempo de la Relatividad) está “inflándose”, está creciendo y es ese crecimiento el que hace que los puntos se alejen mutuamente, no obstante estar en reposo. La superficie del globo representa el espacio de la cosmología que crece debido a la constante cosmológica y es este crecimiento el que supera, en estas fases de la evolución del universo, a la velocidad de la luz. Así, no son los objetos materiales quienes se mueven a velocidades superiores a c, sino el crecimiento del espacio en el que se encuentran el que lo hace. La constante cosmológica se identifica en este ejemplo con el inflador que infla el globo.

 

 

8.2 Muerte estelar y era de los residuos

En los próximos 10¹⁴ años[2], la formación de nuevas estrellas se extinguirá.
Las estrellas existentes agotarán su combustible y dejarán remanentes, las enanas blancas, estrellas de neutrones y agujeros negros (y posiblemente otros tipos de cuerpos estelares, hoy algunos de ellos puramente hipotéticos, pero la experiencia indica que perfectamente pueden ser reales: entre estas nuevas clases de cuerpos celestes se puede citar a las estrellas de Proca, o las estrellas de quarks). La luz estelar desaparecerá y el universo entrará en la llamada era de los residuos.

Los planetas se desprenderán de sus órbitas, mientras que los cúmulos, que en una primera etapa habían permanecido unidos, se dispersarán. La Vía Láctea y Andrómeda, ya fusionadas en una elíptica gigante (Milkomeda), permanecerán como una isla de estrellas muertas orbitando un agujero negro supermasivo central (la vida de los agujeros negros, según se ha estimado, debería ser mucho mayor que estos lapsos).

 

8.3 Evaporación de los agujeros negros

Según Hawking (1974), los agujeros negros emiten radiación térmica con temperatura:

  TH = ħ c³ / (8 π G M kB)

y pierden masa a un ritmo proporcional a 1/M².
Un agujero negro de masa solar tardará unos 10⁶⁷ años en evaporarse; uno supermasivo, de 10⁹ M
, alrededor de 10¹⁰⁰ años.

La energía liberada en cada evaporación devolverá momentáneamente luz al cosmos, pero en una escala de tiempo tan descomunal que ninguna estructura podrá ya percibirla. Al final de ese proceso, sólo quedarán fotones, neutrinos y gravitones fríos dispersos.

 

8.4 La era oscura

Tras la evaporación de los últimos agujeros negros, el universo entrará en la era oscura. La densidad de energía caerá exponencialmente y la radiación se estirará más allá de cualquier longitud de onda detectable.
En este punto, el universo observable contendrá tan poca energía utilizable que toda termodinámica dejará de tener sentido práctico, pues no habrá gradientes, ni flujo, ni trabajo posible.

El factor de escala seguirá creciendo como a(t) eHΛ×t, diluyendo el contenido material hasta la invisibilidad. Los protones, si son inestables, decaerán con una vida media de más de 10³⁴ años, dejando sólo electrones y positrones que eventualmente se aniquilarán.

 

8.5 La eternidad cuántica del vacío

Cuando toda materia haya decaído, el universo quedará reducido a un campo cuántico fluctuante en expansión exponencial, un vacío de de Sitter.
Ese vacío, paradójicamente, no será estático, su propio horizonte tiene entropía y temperatura y emitirá radiación de Gibbons-Hawking hasta alcanzar un equilibrio formal.

Más allá de esa etapa, el concepto mismo de tiempo se vuelve difuso.
Sin relojes, sin cambios medibles, la eternidad reemplaza al tiempo profundo. El universo no muere en una catástrofe, sino que se disuelve en silencio.

 

Epílogo

En los inicios, pequeñas fluctuaciones cuánticas dieron origen a las galaxias; en el final, el universo vuelve a un mar cuántico casi uniforme.
La historia completa del cosmos puede resumirse como una oscilación entre el orden y el olvido.

Así, el universo -que comenzó en una explosión de luz- terminará en un murmullo térmico, donde la última chispa de energía se confunde con el silencio del vacío.

 

 

 

Apéndice G — Radiación de Gibbons–Hawking

En 1977, G.W. Gibbons y S.W. Hawking demostraron que un espacio-tiempo de de Sitter (es decir, un universo vacío con constante cosmológica positiva Λ) posee un horizonte de eventos análogo al de un agujero negro.
Ese horizonte impone un límite causal pues un observador no puede recibir señales procedentes de regiones cuya distancia comóvil supera el radio de de Sitter

  rₕ = c / HΛ

donde 


   es la constante de expansión asintótica.

G.1 Temperatura asociada

Al cuantizar campos sobre ese fondo curvo, Gibbons y Hawking hallaron que dicho horizonte emite radiación térmica con una temperatura:

  TdS = ħ HΛ / (2 π kB)

Aproximadamente igual a 10⁻³⁰ K para los valores actuales de[3] Λ≈1.1 ×10⁻⁵² m⁻². Esta radiación no proviene de ninguna partícula material, sino de la estructura cuántica del vacío en la que el horizonte mismo actúa como un cuerpo negro que intercambia energía con el entorno.

La similitud con la radiación de Hawking en los agujeros negros es formal, dado que en ambos casos un horizonte causal se comporta como un sistema térmico con temperatura proporcional a su curvatura superficial κ,

  T = (ħ κ) / (2 π kB)

y entropía S = (kB c³ A) / (4 G ħ), donde A = 4 π rₕ² es el área del horizonte.

 

G.2 Entropía del horizonte

La entropía asociada al horizonte de de Sitter resulta:

  SdS = (3 π c³) / (G ħ Λ)

que equivale aproximadamente a 10¹²² kB para el universo actual. Esta cifra colosal mide el número máximo de grados de libertad que pueden estar contenidos dentro del horizonte cosmológico, o sea la entropía del propio universo observable.

G.3 Significado físico

En un futuro dominado por Λ, toda partícula que cruce el horizonte quedará permanentemente inaccesible. El observador ve, por tanto, un espacio térmico con temperatura TdS y radiación de fondo uniforme. Esa radiación de Gibbons–Hawking constituye el límite último del calor residual del cosmos, cuando las galaxias, estrellas y agujeros negros hayan desaparecido, sólo quedará ese leve resplandor del vacío, una respiración cuántica del espacio-tiempo.

 

Así como la radiación de Hawking marca el final de los agujeros negros,
la radiación de Gibbons–Hawking marca el final del universo.



Figura G.1 — Evolución térmica del universo.
La temperatura del fondo cósmico (línea azul) decrece inversamente con el factor de escala, mientras la temperatura del vacío de de Sitter (línea amarilla discontinua) permanece constante.
En el futuro, cuando T_CMB ≈ T_dS, el vacío cuántico superará en temperatura al universo material, marcando el límite térmico final del cosmos.

 

 

Concepto físico de la variación de la temperatura del CMB con el factor de escala a(t), o sea la temperatura del universo.

En un universo dominado por Λ:

con T0=2.725 K,

y

Cuando a crece hasta aproximadamente 10³⁰, ambas temperaturas, la temperatura de de Sitter, TdS y la temperatura del fondo cósmico de microondas, TCMB, se igualan y más allá de ese punto, el vacío está, paradójicamente, más “caliente” que el universo material.

Toda esta vida es la que suponemos será la continuación al universo actual, de acuerdo a los modelos con los que se cuenta hoy, o sea, un universo que obedece a la métrica de FLRW (Fridman-Lemaitre-Robertson-Walker) y que ha tenido una historia descrita por el modelo ΛCMB. Por supuesto, esta imagen que hoy nos podemos hacer sobre esta evolución es provisional, tan provisional como todo conocimiento científico y más aún teniendo en cuenta el escaso tiempo que ha tenido de desarrollo la Cosmología, que es la que nos ofrece estos finales. ¿Si todo podría ser eventualmente muy diferente? Posiblemente, es imposible para mí, desde mi conocimiento, decir qué tan probable o improbable es que los cosmólogos, astrónomos, astrofísicos, físicos y matemáticos estén radicalmente equivocados, aunque personalmente tiendo a pensar que, si bien nos falta una increíble cantidad de conocimiento y tal vez de capacidad para procesar todo ese conocimiento, puede el final ser radicalmente diferente por las posibilidades divergentes que nos dan otras posibles interpretaciones que aún están en desarrollo y para poner a falsación a través de nuevas y más profundas y precisas observaciones. Tal vez toda esta historia sea solamente otra equivocación, otra hoja de garabatos que haya que arrugar y tirar a la papelera, porque si de algo podemos estar seguros es de que el universo nos va a seguir dando más y más sorpresas y nos va a redirigir una y otra vez en la investigación. Es muy poco lo que conocemos, es inmarcesible lo que el universo tiene para enseñarnos.



[1] Un unierso de de Sitter es un modelo que se corresponde con las observaciones cosmológicas actuales de supernovas IA, el fondo cósmico de microondas (CMB) y las estructuras del universo a gran escala (Large Scale Structures, LSS). Este modelo implica una constante cosmológica positiva (Λ>0) que determina su evolución y determinando un universo de curvatura positiva. No obstante, hay que ser claro, la tensión de Hubble (diferencias insalvables en su medición a partir de supernovas IA frente a las realizadas con el fondo cósmico de microondas) y la presencia de superestructuras aún en discusión de órdenes de magnitud mayores que las que deberían existir, pone en discusión este modelo.

[2] Para hacernos una idea un poco más clara de cuánto tiempo es esto, consideremos que el tiempo transcurrido desde el Big Bang se estima en unos 13800 millones de años, esto es 1.38×1010 años. O sea que el tiempo citado en el texto aproximadamente diez mil veces mayor, o sea, representa diez mil veces la vida del universo hoy.

[3] Este es el valor medido de Λ y es el origen de uno de los problemas más graves de nuestra interpretación de su origen, pues al atribuirlo a la energía del vacío, que se obtiene de la Mecánica Cuántica (la teoría más precisa en la historia de la Física), se encuentra una diferencia catastrófica de 10120 órdenes de magnitud. Esta catástrofe lleva décadas sin poder resolverse, ni entenderse su origen y desde un punto de vista estricto representa un error fatal en nuestra interpretación del universo y su historia, comparable a la “catástrofe ultravioleta” que originó el nacimiento de la Mecánica Cuántica como interpretación plausible de la estructura de la materia.

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